Soccer Stories, por Alfons Rodríguez
Sudáfrica acaba de pasar con nota la organización de la FIFA World Cup 2010 de futbol.
Pero este deporte, el más popular entre los surafricanos negros viene siendo utilizado desde hace años en proyectos que buscan mejorar la vida de los más desfavorecidos. En Gaansbai, junto a la bahía donde turistas de todo el mundo pagan fortunas por ver a los tiburones blancos, una iniciativa apoyada por la Fundación Marcos Senna apartará a 4.000 menores de las calles del mísero suburbio de Masakhane para transmitirles valores de convivencia y hábitos saludables.
En Gugulethu, township próximo a Ciudad de Cabo, asistimos a un partido entre dos equipos de lesbianas, colectivo que halla en el deporte un refugio frente a las cueles agresiones de que es objeto -que incluyen las terribles violaciones correctivas-.
Alexandra, barrio negro de Johannesburgo, acogerá durante el Mundial el Football for Hope Festival, apadrinado por la FIFA, que reunirá a 32 equipos de fútbol callejero de los cinco continentes. Un comunicador prepara a jóvenes del suburbio para cubrir el acontecimiento como periodistas, mientras un proyecto: Football for Hope enseña a prevenir el contagio del VIH a los niños del país más afectado por el sida de todo el planeta.
El valor de un balón, de unas botas o de una camiseta sin parches, da alas a la fuerza y al valor de los que sienten una cierta impotencia y frustración por saberse protagonistas de un futuro incierto. La disciplina y el compañerismo ayudan a crear unos valores y unos principios muchas veces olvidados por el protagonismo de la desesperanza y la angustia.











